La imaginación Doradas armaduras sobre negros corceles derraman sangre y muerte, de desvaríos e ilusiones que se diseminan por mi desequilibrada mente y solitaria alma, colmándolo todo de pasión y éxtasis. La oscuridad recae sobre mí, más irresistible que nunca. No le temo a la Noche, pues de privilegios y gracias me ha revestido siempre con su oscuro manto. No obstante, el Día me ha mostrado con refulgencia la impiedad y la truculencia de este mundo, circundado de una negrura diferente: es una conmoción que atraviesa el espíritu con tanta claridad que mata. ¡Oh, Muerte! Admiro vuestra hermosura, porque seguir respirando aún sabiendo que he sucumbido es peor. Cuántas veces habré huido del Alba para refugiarme en el mundo de mis propias fantasmagorías, allí donde nadie me observa, en la opacidad más plena de mi cabeza y de mi corazón. Los caballeros de brillantes armaduras seguirán galopando y las espadas lamerán mi blanquecina tez, más al descubrir sus yelmos a nad...